Débil
Harto de tanto encaramarte en el estrado
para tirar de lejos
con temor a confundirte en los acusados
Enseñas con sentencias
pero las balas van a los espejos
que te condenan a espectar
desde la orilla solitaria
Solías descansar en el pasto
con los ojos del agua
y los ojos a la vista
ojos suficientes para detenerse, y ver
que tu castillo no necesitaba de toda la arena para lucir sus caracoles
Y no se construía con la pala
Y no se alzaba con ninguna bandera.
Ahora, con el entusiasmo perdido
apuntas el dedo delator
a todo aquello a lo que renunciás,
y te aterrás hasta la vergüenza
cuando en ellos encontrás tu reflejo
Entonces
después de haber cargado con el resto
te apuntás los ojos a la sien
y antes que nada, intentás recordar
en qué creías que tanto cantabas,
o que cantabas, que tanto creías.
jueves, 27 de noviembre de 2008
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